El número perfecto

¡Pasen y lean! ¿Han estado alguna vez en el circo? Veamos qué ocurre si introducimos un número con los elementos de este desafío, recuerden: Novia, búnker, canica. Espero que lo disfruten…

 

¡Bienvenidos, damas y niños, niñas y caballeros, sombras y espectros! ¡Sean bienvenidos a un espectáculo como nunca se ha visto! ¡Nuestro escapista, el gran René Piadena desafiará todas las leyes de lo imposible en un número de increíble dificultad! Veamos cómo nuestra magnífica acróbata Majda Mahler lo apresa con estas gruesas sogas y lo encierra sin remedio…¿ Podrá salvarse o sucumbirá a los hechizos de la novia roja? Atentos….

A todos les resulta prodigioso que domine con tanta templanza la angustia de verse encerrado en un espacio estanco y reducido. Lo que ninguno comprende es que para mí el verdadero reto, la ironía, reside en luchar por salir al exterior.

A fin de cuentas, es un trabajo como otro cualquiera. Estoy dado de alta como autónomo como lo estaba mi padre, excepto que donde él escribía carpintero yo escribo : ilusionista.

– Sshh…¡Guarden silencio y liberen todos sus sentidos! La señorita Mahler nos hará una demostración de su destreza en las cintas en un número sin parangón, mientras nuestro escapista trata de zafarse de su yugo. ¿Lo conseguirá? ¡No aparten la vista del cielo! ¡No pestañeen siquiera! Y déjense engañar por sus ojos…

Majda cuelga a doce metros de altura, envuelta en dos cintas de seda roja suspendidas de la estructura del techo. Un rojo luminoso y puro como el del carmín o la sangre fresca. Danza en el aire, componiendo una acrobacia aérea que más parece un tango en una noche dibujada, iluminada por el foco que hace de Luna. Sólo ella y una cascada de bermellón brillante.

– ¡Alcen su mirada a las estrellas y contemplen lo imposible! En la oscura y tenebrosa noche, la novia roja mantiene cautivo a su amante… ¿Conseguirá hechizarles a todos con su danza? No aparten su mirada de ella…

Tan normales son nuestras vidas fuera del escenario que esta noche he dormido en el catre de la caravana, al calor de la discusión que aún no hemos terminado. Nada fuera de lo común. Ella quiere casarse, yo me siento inseguro, ella pide explicaciones, yo no doy las que desea o doy demasiadas, ella me acusa de inmaduro, yo tonteo con la violinista que marca el ritmo del número…Me vuelvo cobarde en espacios abiertos y ahora, aquí resguardado, me pregunto cuál es el maldito problema. No puedo dejar de mirarla con la certeza de que es única. A veces la intimidad nos vuelve unos cretinos.

– ¿Oyen eso? El bosque cobra vida a través de la música, préstenme sus oídos y nuestra orquesta les conducirá allí  donde dominan las sombras…

Oteo la oscuridad como si pudiese verla, he memorizado cada paso, cada segundo. Puedo ver claramente cada contorsión…cómo parece flotar desnuda.  Sus piernas torneadas e interminables hacen nudos con la seda al ritmo de la música del violín. Ahora la pierna derecha, ahora la izquierda, mirada al público, arco de espalda. Perfecto. Nadie se da cuenta, pero este momento es clave. El tobillo izquierdo dibuja un giro en el aire y la tela se ciñe a su articulación, lanza los brazos al cielo y se deja caer al vacío.

Escucho el asombro del público cuando Majda desciende seis metros girando sobre sí misma con la seda rizándose en torno a ella. Cae en picado durante unos segundos y los cuerpos se reclinan en las gradas. El nudo del tobillo se revela certero. Trepa de nuevo con agilidad bailando en el aire hasta el punto más alto del escenario. Es increíblemente bella. La grada estalla en aplausos. El espectáculo sólo acaba de comenzar.

-¡La caja Piadena! Nunca sus ojos habrán visto nada igual…Tres firmes cerraduras de acero puro, tan pequeña que ningún hombre podría mover un sólo músculo en su interior. ¿Ninguno? No…¡hay uno que sí puede!

Sí, la bauticé con mi nombre porque, después de todo, yo había cogido una simple caja de escapista y la había convertido en la gran atracción de aquel circo. La caja Piadena. Es perfecta, una obra de artesanía e ingeniería del ilusionismo con la que pienso hacerme rico. Por fuera, en todo semejante a una caja fuerte con cuatro grietas en la parte superior para las espadas. El verdadero secreto está en su interior: dos cajas Mohebius metálicas y completamente herméticas. Aún atado puedo deslizarme de una cámara a la otra esquivando los filos cortantes que parecerán atravesarla totalmente. Resulta curioso cómo estas seis paredes que a duras penas me permiten reptar en su interior me transmiten una serenidad y una calma absolutas. El único espacio en que realmente me siento yo mismo.

Ya siendo sólo un niño solía amanecer oculto en algún armario del cuarto. Mi padre llegó a construir para mí lo que llamó un refugio del sueño: una caja de madera, forrada con papel de colores, en la que me escondía para dormir. Cuando el miedo se hacía insoportable me encerraba en mi guarida durante horas. Aunque no se asemejaba demasiado a esta maravilla en que me hallo, yo me sabía protegido del mundo exterior. Al igual que ahora.

– ¡Ahora nuestro escapista lo tiene realmente difícil,  damas y caballeros! Pero…¿qué ocurre? ¿ Quién anda ahí? Se avecina una tormenta, algo se mueve en el bosque…

Debo concentrarme.

Durante toda la función permanezco maniatado, capturado por Majda, la novia roja, que sólo busca ser amada. Consigo liberarme, trepo hacia ella, me seduce, aplausos, bises y a casa.

En el interior, yo sólo dispongo de una llave de seguridad, una canica de luz fosforescente y tres puntas de espada que deberán sincronizarse al milímetro durante el espectáculo de las acróbatas aéreas. Mi gran número. ¡René Piadena, el mejor escapista después de Houdini!

Siempre me encuentro más torpe si no duermo a su lado. Durante la presentación, en el momento en que ella debía encerrarme en la caja y hacer saber al público que cualquier huida era imposible, me dedicó una mirada tan gélida que me hizo trastabillar en el primer resorte. De no ser porque improvisé un dramático beso de despedida que arrancó la risa del público, todos habrían visto el mecanismo de la caja Piadena.

Llevamos semanas ensayando el “más difícil todavía”. La caja permanece suspendida en una urna de agua, nada de cortinas, eso es para aficionados. En ningún momento desaparece de la vista del público y yo permanezco dentro durante todo el espectáculo aéreo.

– Mientras la novia roja duerme, las sombras de la noche buscan al cautivo. ¡Nadie jamás ha logrado liberarse de esta mágica caja! Pero atentos…aquí llegan las sombras…

Cuatro acróbatas con monos negros realizan ahora un número con cintas azul cobalto, ondeando a mi alrededor y ocultando en parte los movimientos que provoco desde el interior. La música está resultando atropellada, el violín toca demasiado rápido. Por suerte, esto será imperceptible para los profanos. Todos los ojos están pendientes de los cuerpos ondulantes que se contorsionan y retuercen al ritmo de la música. Mientras tanto, ayudado por la esfera de luz, trato de liberarme de las sogas para abrir la caja desde dentro.

La canica fosforescente se apaga antes de que las cuerdas cedan. Las cuatro espadas comienzan a penetrar en la caja. Palpo entre mis piernas buscando las puntas metálicas. No sirve de nada si no veo las grietas. La oscuridad más densa me impide encontrar los resortes y los filos entran sin que se vean salir por el otro lado.

El efecto no es el mismo, pero no todo está perdido. Es un contratiempo, todos los grandes espectáculos tienen uno.

Las trampillas que me permiten moverme dentro de la caja Piadena se resisten y me cuesta deslizarme entre las cámaras. Majda se oculta entre las sombras. Las luces se atenúan, sólo se escucha el violín y las acróbatas danzan suspendidas sobre la urna. En menos de tres minutos debo liberarme de la caja saliendo desde el agua justo en el momento en que ella va a clavar la última espada. Este espectáculo será un éxito, haré historia, se pelearán en el circo del Sol por tenerme, y luego…sí, tal vez luego me case al fin con Majda. El final perfecto.

– ¡Cuidado! La novia roja despierta y ordena detener la tormenta, ya se oculta la noche y nada se sabe del prisionero. Observen con atención pues jamás habrán visto un amanecer como este…

Froto la esfera de luz pero ni un leve resplandor mana de ella. Es inútil. Lo mejor es que me concentre y deshaga los nudos de memoria. He repetido este número cientos de veces esta semana. Siento que estoy perdiendo los nervios, mis manos recorren las sogas sin identificar el cabo maestro que suelta la mordaza. Este nudo es diferente al que habíamos ensayado…Majda, ¿qué demonios has hecho? Poner en juego así el espectáculo por venganza. Resulta desproporcionado. Bien, concéntrate René. Puedo sentir la expectación de la grada. El violín no deja de sonar. Más agitado de lo normal. No marca bien el ritmo… ¿Qué demonios nos está ocurriendo hoy? Concéntrate, no tienes tiempo que perder.

Lucho en vano con aquella soga. Todo va mal, ni siquiera soy capaz de moverme entre las cámaras, el mecanismo de la caja no está funcionando y  debo estar desatado para la escena final. Siento el sudor resbalando por mi espalda. Jadeo y boqueo por el esfuerzo. ¿Qué está pasando?

– Vamos, vamos, hay que desalojar esto cuanto antes. No se paren y sigan las instrucciones de los agentes, les iremos llamando uno a uno.

– Mon dieu! Maudit….malditos sean…mi espectáculo, esto es la ruina…

– Vamos señor, camine, por favor. Diríjase hacia mi compañero que le indicará la salida.

– ¿Salida? ¡Este circo es mío! ¡Exijo saber qué ha pasado en mi escenario!

– ¡Ah! Está bien, cálmese, cálmese. ¡Carlos! Este es el dueño, que se ponga con  el grupo de testigos.

– Mi ruina…

– Cálmese y vaya con mi compañero, él le hará unas cuantas preguntas.

– ¿Qué has averiguado? Aquí nadie parece saber o querer saber nada…

– Al parecer alguien manipuló la caja del mago…¡qué se yo! Nadie suelta prenda.

El policía vuelve su cuerpo uniformado hacia la mujer temblorosa y pálida que se aferra al violín con fuerza. Espera en silencio con los dedos enrojecidos y la mirada clavada en el escenario. Baja los ojos empañados hacia el instrumento y lo acaricia mecánicamente como si aún continuase tocando.

– Señora, comprendo que es un momento delicado, pero necesito que me cuente todo lo que ha visto. Cuanto antes lo haga antes podremos irnos todos a casa.- No produce gesto alguno en su interlocutora.- Míreme a los ojos, ¿me ha comprendido?.- asiente sin apartar la mirada del escenario.- Bien, sigamos, será sólo un momento: ¿ De qué conocía usted al mago?

– ….

– Señora, ¿qué relación tenía con el mago?

– No era un mago, era un ilusionista.

Al tiempo que las sombras se descuelgan de sus cintas azules para desaparecer en el suelo, Majda aparece de la nada caminando hacia el centro del escenario . Se mueve despacio, cubierta por un velo casi transparente que recoge su melena y cae hasta el suelo dibujando su figura con cada paso. La música impulsa los movimientos de su cuerpo en torno a la urna de cristal. Todo se desarrolla con una elegancia solemne que no delata la desesperación del ilusionista atrapado en su interior. Trepa por ella con precisión felina y se coloca en impecable equilibrio sobre el borde superior. Lanza una mirada al público y sonríe.

Cuando la orquesta ahoga los sollozos del violín, Majda alza la espada y sus ojos se clavan en la caja Piadena, la llave de su futuro, la niña de los ojos de René.

Nadie percibe la blanda resistencia de la carne rota al paso de la cuchilla de metal. Nadie en la grada sabe que es testigo del asesinato más bello jamás perpetrado.

Afirma las manos a ambos lados en la guarda de la espada y yergue su cuerpo fundiéndose con ella, en riguroso equilibrio vertical.  La seda roja enredada en sus tobillos cae lánguida a su alrededor ocultando durante un instante la urna y la caja. Asciende con magistral acrobacia mientras, poco a poco, la sangre empieza a teñir el agua.

– Escuche, no gana nada guardando silencio. No protege a nadie. Sabemos que mantenía usted una relación con René Piadena.- Niega con la cabeza sin dejar de acariciar el violín.- Está bien. Vamos a ver, ¿ Sabía usted que la caja había sido manipulada?

– …

– ¿Había percibido algo extraño en…- Consulta el documento doblado en su mano- …Majda Mahler o en su comportamiento últimamente?

– …

 

El violín arroja notas precipitadas y las acrobacias de Majda en la cinta son cada vez más frenéticas. El público  maravillado contiene la respiración. El agua sonrojada aparece como una ilusión óptica sin que ninguna mirada se aparte de la danza de la gimnasta. El número toca a su fin. Sólo quienes conocen cada pauta de la coreografía se inquietan entre bastidores al ver que René no hace su salida.

Majda apura cada pose con cada pulso de la música. Sus piernas se  combinan con las telas anudando y soltando: derecha, izquierda, mirada al público…Perfecto. Gira en tirabuzón cayendo en picado una última vez. El chillido del violín enmudece el chasquido de sus vértebras que ceden  al peso de la caída libre.

La grada sobrecogida congela su reacción en un murmullo confuso. Cuando las cintas rojas cesan su tremolar, el cuerpo de Majda se balancea como un péndulo macabro con la seda rodeando su cuello roto.

La música se detiene y el foco dibuja la escena del crimen sobre el escenario. Oscila suavemente ante cientos de miradas enmudecidas. El violín fue el último en ceder al silencio.

No hubo aplausos, las manos permanecen paralizadas sobre las bocas abiertas, sin que puedan distinguir el circo de la vida, en completo silencio, mientras la realidad devora la ficción. El número perfecto.

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Una respuesta a “El número perfecto

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