La historia se repite

 

¿Ucroqué? Mirad, a mí no me digáis palabras inventadas así como quien sabe de lo que está hablando que yo no… Ah, que… Que no os la habéis inventado. Ah, vale… ¿¡Puntos Joncómo-de-qué!? Eso sí que es… Ah, que tampoco… Bueno pues entonces, yo me voy yendo a ver si escribo algo y… Vale, vale, ya me pongo, joé.

¡Qué gente, de verdad! No puede uno dejar de escribir sin que lo dejen tranquilo. Siempre con el látigo en la mano, siempre con el¡AY, AY! ¡Ya me callo!

 

LA HISTORIA SE REPITE

 

Sí, lo hace. Y es como un puto disco rayado, aunque a veces no te das cuenta porque las notas no suenan exactamente igual… Reconoces la melodía y todo eso, pero el resto, a base de rascar la aguja ahí… Pues eso, la grabación salta, hay interferencias, ruidos y a lo mejor no reconoces los acordes.

Mira, la cosa es que… Nnno, no… Estoy pensando queee… Sí, mejor te pongo un ejemplo. Va, ¿recuerdas Ajaccio, la Cumbre Euroafricana para la Inmigración? Bien, pueees… Y conste que esto que te voy a contar es verídico, ¿eh? Pues la penúltima noche que estuve allí salí de juerga con una francesa, un inglés, un italiano y una austríaca. Así como suena. Y te juro que no desmerece.

Eeeh… Bueno, pues el inglés se llama Thomas Nelson, y es tan británico que parece que se va a sacar bolsitas de té de los bolsillos. Londinense del distrito uno, la cara como oliendo mierda y muy probablemente descendiente de esclavistas de Liverpool. El tío se vestía por capas: camiseta interior, camisa, chaleco, chaqueta y pajarita si tenía frío. Todo un estereotipo… ¡Y sus zapatos, Dios mío! Negros, acharolados y grandes como lanchas de salvamento… ¿Ichabod Crane? Te haces cargo, ¿no? Ponle un poco más de carne, un mostacho de cepillo y acabamos.

A la que más conocía era a la francesa, Étiennette-Françoise de la Fontaine, y digo esto porque era la única a la que había visitado en su casa. Si coincidías con ella dentro de la Île-de-France era la persona más atenta y hospitalaria que tendrías el gusto de conocer. Eso sí, más allá de París es una jacobina con todas las letras. No puedes hablarle de nacionalismos sin que se imagine soldados alemanes paseándose a sus anchas por los Campos Elíseos. Una francesa, ya sabes, cae París y… Y además se cree descendiente del escritor. Siií, sí. Otra personaje.

El bianco, rosso e verde era Gian Doria. Genovés. Y a éste sí que era para darle de comer a parte. Y dice cada burrada queee… ¡Ufff…! Sí, mejor dejémoslo en que si pudiese cercar la Serenissima, recortarla y convertir Génova en un estado independiente de Italia, lo haría sin temblarle el pulso. Destrozando Pisa en el proceso, por cierto. Pero después te suelta cosas como que una de las afrentas que más le duelen es que el café etíope no tenga una denominación de origen italiana.

No sé, tenía sus cosas… Cuando pasas tantos años en esto te das cuenta de que hay muchos interpretando un papel, ¿sabes? Hay temas que se tratan con muy poca seriedad. Si yo te contase las gilipolleces que se escuchan en alta política… Bueno, a lo que iba, que me falta la última… Sí, la austríaca… ¿Cómo era? Se llamabaaa… ¡Thora Österreich! Me salió, ¿eh? Sí, Thora Österreich.

Yo, si te digo la verdad, creo que ésta estaba en la cumbre casi por casualidad. Eso sí, estaba, ¿comprendes? Al parecer formaba parte de la embajada de Austria en Bruselas.Una alta funcionaria con contactos a la espera de una oportunidad, claro. La mujer tenía cierta vinculación con los partidos de derecha, y cuando estos ganaron peso le llegó el ascenso a ella, así de sencillo. Pero lo que importa es que su misión en la Cumbre era reventarlo todo, decirnos un “que os jodan” a los países mediterráneos y desviar el debate hacia la inmigración turca. Sí, así funciona: ni juntos ni revueltos. Cada uno barre para casa y que a todos nos preocupe lo mismo y con la misma intensidad es difícil. Además, no fueron empresas austríacas las que jodieron el litoral senegalés, ¿no?

Vale, pues ahora quiero que imagines que estos cuatro son sus países, ¿de acuerdo? Y quiero que los lances militar, política y económicamente a la conquista de una quinta nación, a los efectos representada por una despampanante mujer de piel cetrina, de este tono que hasta parece dorado, con unos ojazos negros, pelo largo y ondulado del mismo color y un cuerpo que no pasaba desapercibido. Mujer a la que a partir de este momento llamaremos Córcega, ¿bien? Bien.

Entonces, recapitulando: Ajaccio, Cumbre Euroafricana, la penúltima noche, que resulta ser un viernes. Salimos los Cuatro Jinetes y yo. Café, cenar, tal y tumba, y pasamos al tema copas. Seguimos a Doria que ya conocía la ciudad, y en el primer garito que encontramos, como apropósito, aparece Córcega. Doria, que es el que entra en cabeza, suelta la puerta y ¡fium!, ya sale a por ella sin más explicaciones. Nelson y de la Fontaine, que iban justo detrás, también la fichan. Österreich y yo entramos los últimos y, aunque era imposible no fijarse en ella, resistimos el tirón.

Total, queee… vamos a la barra, pedimos, damos unos tragos y Doria que va a lo suyo; el inglés y la francesa vigilan sus jugadas desde la banda, pero sin comentarios; y yo pringo con la austríaca, muy interesada en saber por qué habíamos cambiado a los Habsburgo por los Borbones, que era una gente que venía de ser guillotinada en su país.

Es que no entiendo cómo pudisteis, repetía para meterse conmigo.

Es que ingobernables somos, como dijo Amadeo, y reyes en consonancia nos procuramos, le contesté yo.

Bueno soy yo para que me quieran buscar las cosquillas, ¿sabes? Me va a tomar a mí el pelo una novata ¡Ja! Pero bueno, lo que te contaba. Queee pasan diez minutos, quince…¡veinte! Y nada: Córcega se resiste. Gian bregaba al otro extremo de la barra con la oposición corsa, que le deja clarinete que no le interesa. El genovés debió pensar que aquello era una especie de juego, pero Córcega no estaba de broma y al final tiene que retirarse a regañadientes, viniendo a refugiarse a nuestro rincón.

Stronza di…, rumiaba por lo bajo. Que no se acuerda de mí, dice la muy…

¿Qué ha pasado?, preguntó de la Fontaine, haciéndose la sorprendida.

¿Es que no está sola, Doria?, se unió Thomas, metiendo el codo entre los dos.

¡Eso quisiera yo saber!, exclamó sin ningún disimulo, esperando que la mujer lo oyese. Pero no hay forma. Que ella no se acordará de mí, pero vaya si me acuerdo yo de ella… Y es testaruda como una mula.

¿Te importa, Nelson?, preguntó la francesa, ¿o te interesa la conversación?

La conversación no tanto, pero la amiga de Doria a lo mejor sí, respondió el inglés.

Pensaba que te llegaba con las traductoras sierraleonesas, le soltó sin despeinarse.

¿No decía tu antepasado que en la variedad está el gusto?, y él no se mordió la lengua. Era muy inglés.

Calmaos, ¿eh?, resolvió el italiano con un gesto bastante feo. Os estoy oyendo y a lo mejor os vais de aquí con una sorpresa desagradable.

La discusión corrió por estos derroteros y sin visos de mejoría. Yo no me preocupé porque estos tres se tenían la medida más que tomada. ¡Como me la tenían a mí, no te creas! Pero entre que Österreich era nueva, que la situación era de esas que se prestan a echarle leña, y sentada como estaba al lado de los babuinos, se animó a intervenir.

¡Déjalos que se maten, Doria!, le dijo, hablándole por encima del hombro. ¿Tienes miedo que de ellos sí que se acuerde o qué?

No estoy de humor, signora Österreich, a todos nos trataba de signore, y muchas veces me he preguntado si no sería por vacilar. Esa mujer no me va a dejar en ridículo, siguió Gian. ¡Y menos una corsa!

Aún les duele, ¿eh?, me dijo Thora en voz baja. ¿Usted no se suma a la conquista, Ibáñez?

Oh, nooo, no… Yo tengo ya dos amigas de la representación italiana y están aquí con su delegación. Es toda la compañía que necesito.

Y era verdad. De aquellas ya no era el que había sido. ¿Te hace gracia? Pues que sepas que mis pinitos en las Cumbres Iberoamericanas ya quedaban lejos, pero alguna había caído a mi paso por la Eurocámara en Bélgica. ¿Qué te crees? Oye, ¡que hubo un tiempo en que una se acostaba y la otra se levantaba, ¿eh?! Pues eso, que mis kilómetros anduve, pero cuando pasó esto yo me conformaba con lo que tenía, que no era poco, y por tanto estaba fuera de competición… Aunque me lo pensé, ¿eh? Que yo también soy aragonés, o sea… Pero bueno, sigo.

Así que te interesa, le insistía Françoise al inglés.

Eso es asunto mío, amiga mía, dijo Thomas, y con la misma cogió su copa y fue a pegarse a Córcega, pasando por delante de los otros dos como en un anuncio.

También te digo que si Gian no le saltó a la cabeza fue porque llegó a Córcega y en vez de colgársele del cuello, como esperábamos que hiciese, todo lo que se le ocurrió fue colocarse junto a ella y no hacer nada. Ocupaba el sitio, ¿sabes? Estaba allí como puesto por el Ayuntamiento, y el resto del local no sabía si era su pareja, si hablaba para las paredes o si estaba moviendo los labios con la música. En otras palabras, estaba forzando un punto muerto, muy seguramente para demostrar que podía hacerlo. Y lo consiguió porqueee… Bueno, salvo por los sutiles intentos de Österreich por llamar la atención del genovés, allí no se movió una hoja hasta que se levantó para ir al baño.

Imbeccile, bufó Gian, saltando del taburete con una proverbial cara de mala leche.

¡Espera, Doria!, le detuvo Françoise. ¿Qué vas a hacer? Piensa que vas a agobiarla si vuelves a machacarla como antes.

¿¡Cómo machacarla!?, exclamó muy rojo, gesticulando con esa amplitud de brazo que tienen los italianos.

Sí, machacarla, y lo has estado haciendo qué, ¿veinte minutos? Y no le has sacado nada. ¿Qué crees que pasará si la molestas otra vez?, y sonrió con la típica mueca del político entrenado para hacerlo ante las cámaras.

¿Y qué quieres que haga?, mordió el anzuelo. ¡Si aún pretenderás que la deje escapar!

Non, mon ami, pas du tout! Te estoy ofreciendo mi ayuda, dijo, dejándonos al resto sin palabras. Yo puedo acercarme a ella, tomar contacto, hacer que beba y ablandarla un poco. Luego me marcho, tú te haces cargo de la situación et voilà!

Tu ayuda…, repitió, tirando del sedal. ¿Y qué ganas tú con todo esto?

Que no se la lleve Nelson, respondió al instante y, creo yo, con total sinceridad.

Te has vuelto loca, de la Fontaine, le soltó de repente. Me has tomado por estúpido o te está sentando mal la cena. No tenemos quince años, yo me soluciono mis problemas, grazie mille.

¡Por el amor de Dios, Doria, solo intento echarte una mano!, exclamó, muy ofendida. ¿No ves que no te puedes acercar a ella sin que te rechace de plano?

Y tu solución es que te deje a ti cortejarla por mí, claro…, razonó, esbozando una sonrisa de medio lado. No, Françoise… No te saldrás con la tuya hoy.

Doria, ¿tú recuerdas las Conferencias Internacionales de Compiègne?, dijo la francesa con gravedad.

Vaffanculo, de la Fontaine, ¡juraste no echármelo en cara!, le cambió la cara en el acto.

Quisiera decirte lo que pasó en Compiégne, pero no tengo ni idea. La historia en común de Doria y Françoise y de estos dos con Thomas y viceversa es… extensa. Como comprenderás, en ese tiempo uno adquiere sus secretos de tocador… Yo mismo tengo alguno, pero ese no es el tema.

Lo que sea, afirmó, palpándose el cuerpo, pero creo que… No, definitivamente no he bajado ningún dinero; si quieres que interceda por ti vas a tener que dejármelo tú.

¿En serio estás haciendo esto?, pregunto, estupefacto.

Sin preguntas, Doria, insistió, tendiendo la mano. Eso lo que habíamos acordado.

Ma… Ma senti, sei sposata?, preguntó de repente.

No, ya sabes que no. ¿Por qué?, compartió nuestra duda.

Cornutta!!, maldijo con todas sus fuerzas, sacando la cartera del bolsillo para arrojarla contra la barra.

Merci beaucoup, monsieur Gian, sonrió sin sonrojarse siquiera, como si no se hubiese dado cuenta del insulto, cogió la cartera y echo a correr hacia las fronteras de Córcega.

Todo esto se negoció en el escaso minuto y medio que Thomas se ausentó en el baño.Para que veas que cuando hay voluntad… Bueno, Nelson vuelve del servicio con el pelo repeinado hacia atrás, atusándose los bigotes con un dedo, dispuesto a comerse el mundo, pero al ver a Françoise en acción pasa por su lado como si nada, recoge la copa que había dejado allí y se viene a nuestra esquina sin decir ni pío, derrotado sin haber presentado batalla.

Era un espectáculo, una sucesión de ridículos en movimiento con los que el tiempo se te pasaba volando… De la Fontaine continuó con la conquista, sentada al lado de Córcega, pidiendo una copa tras otra, aunque sin escaramuzas; a Gian no le quedó otra que mirarlo mucho que su cartera bailaba sin que cambiase la suerte; y Nelson vigilaba de reojo todo el asunto, haciendo como que cada vez le importaba menos, pero bien atento. ¡Hasta la austríaca se levantó un par de veces para pedirle fuego a la pobre mujer!

Aquello era una puta locura, de verdad. Yo no sabía ni dónde meterme. No digo que yo no diese espectáculo otras noches, pero aquella, llámalo karma, todo lo que quería era echar un trago en paz, ¿no? Pues piensa en las caras que se nos quedan cuando vino Françoise de vuelta, medio borracha, enarbolando la billetera vacía del genovés como quien ondea una bandera.

¿¡Qué!?, fue de un pelo que no le saltó encima, ¿¡qué pasa!?

Necesito más dinero, Doria, dejó caer sin ningún pudor. La chica es difícil y convencerla sale caro.

¡¡Más dinero!!, gritó tanto que a punto estuvieron de acercase los seguratas del local. ¡No tengo más, Étiennette! ¿¡Quién te crees que soy!?

¿No?, pues es una pena, dijo como para sí, metiéndose la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacando una billetera bien surtida. Bueno, pues usaré el mío.

Pero… Cómo…, tartamudeó, no sabiendo si matar a la francesa o matarse él. Figlia di puttana!

Caaalma, Doria, calma, dijo muy tranquila. No pasa nada. Mira, anulamos lo que me debes de Versalles con esto y arreglado. D’accord?

Volvió a sonreír como si le estuviesen sacando una foto a la salida del Parlamento y ahí se fue, dejando a Doria con la palabra en la boca, al inglés con un palmo de narices, y retomando la posición que se había hecho, lanzando un ataque de acoso y derribo contra Córcega que la tomó por sorpresa, ¿sí? Bien.

Eeeh y bueno… En fin… A estas alturas de la película, digo yo, pensarás que la cosa no puede ponerse más marciana y que todo acaba  justo como parece, ¿verdad? La francesa se liga a Córcega; al genovés le parece fatal y Austria aprovecha para pinchárselo, como luego supimos que ya había hecho esa semana con el resto de la Reichsitalien, desde la Toscana a Mirandola y sin perdonar a uno sólo de sus senadores; mientras que el inglés se queda con las manos vacías a la espera de que la gabacha la cague, ¿no? Supongo que sería lo lógico, por decirlo de algún modo. Y podría haber sucedido de esta forma, claro que sí, ¿pero sabes quién entró entonces en el club para complicarlo todo? Andria Paoli.

No, Paoli. Sí que lo conoces, ¿cómo que no? Un descendiente de Pasquale Paoli, el que expulsó a los franceses de Córcega… Sí, joder… Eraaa… Mira, es el Primer Ministro de la República de Córcega y Cerdeña, tienes que haberlo visto en la tele alguna vez. De aquellas era eeel… creo que el Delegado de Gobierno en Ajaccio… Sí, eso era. Cada vez que hay saltos a la valla de Melilla hablan de las costas sardas y sale él. ¡Eeese, ese mismo! ¿Ves cómo le conoces?

Vale, pues Andria, que era un chaval todavía, hacía y deshacía casi tanto como ahora, y si entraba en el pub esa noche era para darnos un toque como capo dei capi… A los corsos les va marcarte líneas, ¿no sabes? Y, si te soy sincero, hacen muy bien. En todos los aspectos, por cierto. Euroescépticos, tienen el valor de llamarles. Como si las que les hicimos pasar no lo justificase… Pero bueno, a lo que voy, que lo primerito que hizo el compañero nada más cruzó la puerta fueee… Bueno, echar una visual.Ver quién estaba y quién no, ¿comprendes? Se conoce que tenía orden de localizarnos a todos, ¿no? Yyy… sí, ya te imaginarás que a Gian lo reconoció al instante, claro. Es evidente… Emmm… A Françoise la junó también enseguida porqueee… ¡Ja! Ellaaa… estaba para tener una buena gueule de bois, que dicen los suyos. Nelson se delató saludándole como si nada, y debo decir que se fijó en Thora y en mí de pura casualidad.

Mira, se acercó a Doria llamándolo ya desde la puerta, le dio un abrazo muy amistoso y estuvieron hablando unos minutos sin soltarse las manos. Entones Gian puso una cara rara, vino a despedirse de nosotros y cogió la puerta con una rapidez inaudita. En la sesión de clausura del sábado nos enteramos de que los corsos iban a pedir sanciones a Italia por el recorte en los servicios de atención a los inmigrantes, y lo que habíamos visto era un aviso de cortesía entre amigos. Total, que uno menos.

Después le tocó el turno a Thomas, con el que intercambió unas palabras mientras señalaba varias veces a Étiennette, como si estuviesen hablando de ella. A todo esto, yo no sabía que estos dos se tuviesen tanta confianza, pero los ingleses son un poco más que los demás con respecto a su red de aliados, así que no era de extrañar. Bueno, pues en una de esas, Nelson asiente, y Paoli, dándole las gracias, le hace de comparsa. Cada uno mete un brazo debajo de un costado de Françoise, beoda perdida, y entre los dos la despegan a espátula de la barra, se despiden también y la sacan fuera, dándole a Córcega el primer respiro que tuvo de nosotros.

En fin, que en cinco minutos sólo quedábamos Österreich y yo comentando el fin de la guerra ítalo-franco-británica cuando Paoli reentró al pub. Se le veía venir de lejos, pero no había escapatoria: nos enfiló como un torpedo y estaba decidido a acabar la faena. Abrió mucho los brazos, saludándonos como si fuésemos familia o algo, y entonces interpeló directamente a Thora: le había llegado la hora a Austria, ¿entiendes? Sí, sí… Paoli venía con la cantinela de que los rusos acudían en ayuda de los intereses austríacos, pero la batalla en el foro de la Cumbre de Ajaccio estaba perdida. O lo que es lo mismo: tocaba cambiar de aires. Thora no puso ninguna pega a la casi llamada de expulsión porque lo cierto es que ya no se le perdía nada en la Cumbre; obligada a abandonar Italia sin catar Génova y sabiendo que de mí la separaban unas cuantas guerras carlistas, recogió sus bártulos y se fue con sus turcos a donde la mandasen.

En cuanto a mi situación… ¿Qué te voy a decir? Al principio no supe por qué, pero lo que fue a mí, Andria no me decía nada… Y eso a pesar de que las autoridades de la Cumbre estaban pensando en tomar medidas contra España también. ¡Imagínate el panorama! Sí, sí…. Pero el hecho es que no lo hizo. Yo ignoraba que los nuestros me buscaban a voz en grito y el informante, con toda la pachorra del mundo, se sentó a mi lado sin comunicármelo, dedicándose al deporte nacional de aquel pub: lanzarle miradas a Córcega entre copa y copa.

Estuvimos hablando bobadas un rato y eso, perooo… No te creas… No serían más de diez minutos, ¿eh? Aquello fue un “hola-qué-tal-cómo-estás” y Paoli se excusó muy rápido diciendo que tenía más personas a las que avisar. Se levantó tranquilo, sereno, pagó lo que debíamos y se abalanzó sobre Córcega al momento… Visto lo visto, yo esperaba que la buena mujer acabase por romperle la cara de un puñetazo. Ya sabes, hacerle pagar lo pesados que habían sido mis compañeros, pero esooo… Eso sería muy fácil, ¿no? Porque verás, no tengo ni idea de lo que le dijo Paoli ni de lo que le dijo ella, pero el tipo se le acercó a una distancia prudencial, la saludó, supongo que se presentó, y ella estuvo hablando un rato mientras él escuchaba. Supongo que le estaría contando la mierda de noche que le habían dado, ¿no crees? Y cuando acabó, el chaval le dijo algo más, ella sonrió y la dejó sola para que pudiese disfrutar de lo que quedaba de madrugada. Córcega era libre de cualquier intento de influencia extranjera.

¿Te das cuenta? La historia se repetía. Las mismas notas, exactamente las mismas que en el mil setecientos y pico, tocadas casi de forma similar y en igual orden. Es sólo queee… yo qué sé… Emmm…¡Françoise! Sí, Françoise, por ejemplo, salta a la vista que no era el duque de Choiseul, pero hizo exactamente lo mismo que él. Bueno, no exactamente, ya me entiendes… El caso es que estuvo todo, de verdad: los intentos de Génova por reconquistar Córcega, o la ira de Doria; la invasión francesa y sus traiciones a la República genovesa para quedarse la isla, por lo evidente; la vuelta de Paoli de su exilio en Inglaterra, sus aliados británicos y los corsos contra los franceses, y la definitiva independencia de Córcega. Toda, todita, toda la historia de cómo Córcega siguió siendo independiente de las potencias europeas representada en un pub de Ajaccio a las dos de la madrugada. ¿Te das cuenta?

Incluso puedo ir un paso más allá, y decir que Thora representaba los intereses del imperio Austrohúngaro en Italia, ¿no? Intentando trajinarse la última república italiana que le quedaba de los Medici… ¡Si hasta protagoniza una alianza con los rusos para combatir a los otomanos, allá en Europa del Este! Lo que yo te diga: una clase de historia en toda regla, pero con música chunda-chunda y cubatas. Fíjate que Paoli hasta se marcó un Napoleone di Buonaparte… ¿Que no? Pues mira: le ganó las tierras italianas a Austria, expulsándola de la península itálica, y a mí, como español, me jodió el Reino de las dos Sicilias al mismo tiempo. ¿A dónde te crees que iba cuando salió del pub? Sí, fue por eso que no me avisó de nada… El muy hijo de su madre me estaba levantado a las italianas y sabía que lo hacía… Las cosas en Europa son así…

Y bueno, que hablando de todo un poco, que si Paoli llega a tomarse un año de reflexión, Napoleone habría nacido en territorio conquistado francés. Je, je… Hubiese estado bien… La plaza del general Paoli sin el Arco del Triunfo, el siglo triunfal de los gabachos con Francia conquistando Europa y todo eso… ¿Te lo imaginas? No, en serio: ¿qué habría pasado entre España y Francia si hubiese pasado eso? Las hostias que nos hubiésemos pegado… Finas, finas… En fin, para verlo, ¿verdad? Como poco, daría para una serie de novelas. ¡Ja!

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